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20 nov. 2013

Reseña: Como agua para chocolate, de Laura Esquivel.

Título: Como agua para chocolate.
Autor: Laura Esquivel.
Año de publicación: 1989.

Sinopsis: Según Elena Poniatowska, «Las mujeres solemos escribir triste. [...]. Nos entume la nostalgia, nos engarrota el recuerdo, nos vence la cotidianidad que todo lo cubre con la grisura de su polvo. [...] Pero un libro como "Como agua para chocolate. Novela de entregas mensuales con recetas, amores y remedios caseros" nunca lo había visto en el valle de lágrimas de la literatura mexicana [...]. Empecé a leerla de mal talante, el grueso manuscrito de más de doscientas páginas pesándome sobre las rodillas; a partir de la página quince el tiempo se me fue volando y al terminarlo bendecía yo a Laura Esquivel, la cubría de besos, tenía ganas de conocerla, casarme con ella, llorar de felicidad sobre las cebollas finamente picadas, gozar del olor que despiden sus guisos, conocer a fondo todas sus recetas de vida, moles especias, pelar ajos y limpiar chiles.»

Las palabras de la señora Poniatowska, que aparecen en la contraportada de una de las tantas ediciones de esta novela, son como una probadita de la gran impresión que podemos llevarnos al sumergirnos de lleno en una obra con maravillas, pesadillas y deliciosa comida qué ofrecernos. Sigan leyendo y sabrán de qué hablo.

Nos trasladamos a México, a la ciudad fronteriza de Piedras Negras, a vislumbrar la vida de la familia De la Garza a principios del siglo veinte. La llegada al mundo de Tita, la menor de tres hermanas, es el comienzo de una historia en donde el amor, la represión y las ansias de libertad se juntan para, con detalles un tanto místicos, darnos a conocer no solo personajes entrañables, sino un verdadero recetario de sabores incomparables.

Tita, con el tiempo, se convierte no solo en una joven bonita y excepcional, sino en una cocinera poco común, de esas que surgen una vez cada cien años, que parecen hacer magia con la comida. De hecho, a través de su cocina, suelen surgir algunos acontecimientos difíciles de explicar.

[...] Sus pensamientos la tenían tan ensimismada que no le permitieron observar que algo raro sucedía a su alrededor. Una inmensa nostalgia se adueñaba de todos los presentes en cuanto le daban el primer bocado al pastel. Inclusive Pedro, siempre tan propio, hacía un esfuerzo tremendo por contener las lágrimas. Y Mamá Elena, que ni cuando su esposo murió había derramado una infeliz lágrima, lloraba silenciosamente. Y eso no fue todo, el llanto fue el primer síntoma de una intoxicación rara que tenía algo que ver con una gran melancolía y frustración que hizo presa de todos los invitados y los hizo terminar en el patio, los corrales y los baños añorando cada uno al amor de su vida. Ni uno solo escapó del hechizo y sólo algunos afortunados llegaron a tiempo a los baños; los que no, participaron de la vomitona colectiva que se organizó en pleno patio. [...]

La familia De la Garza es dominada por Mamá Elena, al menos desde que su marido falleció al poco tiempo de nacer Tita, y no hay mujer más tradicional y castrante, en más de un sentido. Es ella quien decreta que su hija menor no puede casarse, quedándose a su lado para cuidarla hasta el día de su muerte, con lo cual corta de tajo cualquier posibilidad de que se realice su naciente amor, correspondido por Pedro Muzquiz.

«¿Qué te pasa? ¿Por qué tiemblas, vamos a empezar con problemas?» Tita levantó la vista y la miró. Tenía ganas de gritarle que sí, que había problemas, se había elegido mal al sujeto apropiado para capar, la adecuada era ella, de esta manera habría al menos una justificación real para que le estuviera negado el matrimonio y Rosaura tomara su lugar al lado del hombre que ella amaba. Mamá Elena, leyéndole la mirada, enfureció y le propinó a Tita una bofetada fenomenal que la hizo rodar por el suelo, junto con el pollo, que pereció por la mala operación.

Por otra parte, las hermanas de Tita, Rosaura y Gertrudis, tienen sus propias historias, siendo la primera con quien Tita sostiene una rivalidad cada vez más cruda; en tanto, con la segunda llega un momento en que dejan de verse por años, pero nunca dejan de tenerse afecto.

Algunos otros personajes intervienen en el sino de Tita, ya sea facilitándole la vida o complicándosela, pero casi todo gira en torno a ella, a su infortunio, a cómo a través de la cocina, que es lo que mejor sabe hacer, trata de sobrellevar una vida que la hiere y la frustra, al tiempo que se pregunta si todo ese dolor que le ha causado su gran amor ha valido la pena.

Cosa aparte: cada capítulo de esta novela es una receta, literalmente. Al mismo tiempo que se nos narra la vida de Tita y la familia De la Garza, también se nos da a conocer un platillo, con ingredientes y método de preparación, con lo cual se nos abre el apetito y nos dan ganas (como a la señora Poniatowska) de entrar a la cocina y empezar a moler, picar, rebanar, remojar y cocer diversos ingredientes.

Cuando la carne ya está cocida y seca, lo que procede es freír las tortillas en aceite, no mucho para que no se endurezcan. Después, en el traste que vamos a meter al horno se pone primero una capa de crema para que no se pegue el platillo, encima una capa de tortillas, sobre ellas una capa de picadillo y por último el mole, cubriéndolo con el queso en rebanadas y la crema. Se repite esta operación cuantas veces sea necesario hasta rellenar el molde. Se mete al horno y se saca cuando el queso ya se derritió y las tortillas se ablandaron. Se sirve acompañado de arroz y frijoles.

Sobre la autora.

Laura Esquivel (nacida el 30 de septiembre de 1950 en la Ciudad de México) comenzó su carrera comoguionista de cine. Su primera novela, Como agua para chocolate, fue uno de los mayores acontecimientos literarios de los últimos años. Traducido a treinta idiomas, en Estados Unidos vendió más de dos millones de ejemplares, manteniéndose en la lista de best sellers durante más de un año entero. La película basada en la novela, cuyo guión escribió la misma Esquivel, además de cosechar numerosos premios, fue un éxito impresionante en taquilla, incluso en Estados Unidos. También es autora de La ley del deseo, El libro de las emociones, Tan veloz como el deseo, Estrellita marinera e Íntimas suculentas. Su más reciente obra es Malinche, basada en el conocido personaje que jugó un importante papel en la Conquista española.

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