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12 mar 2014

Reseña: «Lo que el viento se llevó», de Margaret Mitchell.

Título: Lo que el viento se llevó (en el idioma original, Gone with the Wind).
Autor: Margaret Mitchell.
Año de publicación: 1936.

Sinopsis: Scarlett O'Hara vive en Tara, una gran plantación del estado sureño de Georgia, en Estados Unidos. Scarlett está enamorada de Ashley Wilkes, que en breve contraerá matrimonio con Melanie Hamilton. Estamos en 1861, en los prolegómenos de la guerra de Secesión, y todos los jóvenes sureños muestran su entusiasmo por entrar en combate, excepto el atractivo Rhett Butler. A Butler le gusta Scarlett, pero ésta sigue enamorada de Ashley, que acaba de hacer público su compromiso con Melanie. Despechada, Scarlett acepta la propuesta de matrimonio de Charles, el hermano de Melanie, al que desprecia. Años más tarde, y como consecuencia del final de la guerra, Scarlett debe enfrentar situaciones nuevas, como el hambre, el dolor y, sobre todo, la pérdida de su marido. La viuda Scarlett se instala en Atlanta, donde Melanie espera noticias de Ashley. Y Butler aparece de nuevo en escena.

Hay toda clase de autores a lo largo y ancho de la historia de la literatura. Así como conocemos a escritores que producen obras casi como el pan de la mañana, también hay algunos que con un solo manuscrito son recordados a través de las generaciones. El segundo caso es el que propició la novela que nos atañe en esta ocasión, cuya maraña de acontecimientos no solo son una muestra de un momento clave de uno de los países más poderosos del mundo, sino que sus protagonistas son, en cierta forma, "la excepción que confirma la regla".

Scarlett O'Hara no es la típica joven sureña. Se sabe hermosa, por lo cual es vanidosa y consigue lo que quiere. Casi siempre, ya que de improviso, uno de sus sueños más acariciados se le escapa de las manos: deseosa de ser la señora de Ashley Wilkes, queda devastada al enterarse que él se casará con Melanie Hamilton, una de las personas más "sosas" que ha conocido en su vida. Frustrada a más no poder y sin medir las consecuencias de sus actos, Scarlett termina aceptando una propuesta de matrimonio bastante curiosa: la de Charles Hamilton, hermano de Melanie. Su objetivo principal es estar cerca de Ashley, aunque en el camino pasan muchísimas cosas, sobre todo por lo que se viene encima: la guerra de Secesión, ese conocido conflicto estadounidense entre Norte y Sur que, si se recuerda bien, hizo que el Sur quedara muy mal parado.

Pero la vida de Scarlett no acaba cuando la guerra le empieza a arrebatar cosas que disfruta o con las cuales lleva una vida cómoda. Contraria a los convencionalismos, hace de todo con tal de sobrevivir a los malos tiempos que se le vienen encima, sobre todo cuando el Sur resulta el gran perdedor y debe someterse a lo decretado por el Norte. A cada momento, Scarlett O'Hara se echa a cuestas apellidos de casada e hijos con los que no congenia, entre otras cosas, dejando muy claro que no es una protagonista por la cual se siente cariño constante. Se le llega a comprender e incluso se identifica una con algunas de sus ideas, pero no significa que pueda aprobarse su conducta o sus maneras para con aquellos que la rodean, sobre todo quienes le demuestran afecto y fe ciega, como irónicamente hace Melanie, su única cuñada y esposa de su amor imposible.

Y otro de los protagonistas "imposibles" es Rhett Butler. Rhett, un hombre sinvergüenza con todas sus letras, aunque lo más adecuado sería decir que es una de esas personas que vive bajo sus propias reglas, las cuales no tienen mucha cabida en la sociedad convencional, más considerando cómo era en aquella época. A lo largo de toda la novela tiene varios desencuentros con Scarlett, quien por ciertas razones, comienza a gustarle, aún cuando admite que todo aquel que la rodea parece terminar triste o mal, de una forma u otra. También Butler es difícil de querer, pero resulta un poco menos bárbaro y más simpático conforme avanza la historia. Y su famosa frase final hacia una Scarlett que cree haber descubierto la última maravilla del universo pero que se queda con un palmo de narices («Querida mía, me importa un comino») se ha convertido en un ejemplo bastante fiel de la vida real, de cómo algo largamente acariciado puede convertirse en cenizas para una persona cuando la otra apenas descubre su grandeza.
—Los que escuchan escondidos… —comenzó furiosa.

—… oyen a veces cosas muy divertidas e instructivas —dijo él con burlona sonrisa —Con una gran experiencia de escuchar escondido, yo…

—¡No es usted un caballero! —le interrumpió Scarlett.

—Observación justísima —contestó él, sonriente —Y usted, joven, no es una señora —parecía encontrar aquello muy divertido, porque volvió a reír suavemente —Nadie puede seguir siendo una señora después de haber dicho y hecho lo que acabo de oír. Aunque las señoras presentan escaso atractivo para mí, en verdad. Sé lo que piensan; pero nunca tienen el valor o la falta de educación de decir lo que piensan. Y esto, con el tiempo, es un aburrimiento. Pero usted, mi querida señorita O’Hara, es una muchacha de valor, de singular alegría, de un carácter realmente admirable, y yo me descubro ante usted. Comprendo muy bien los encantos que el elegante señor Wilkes puede hallar en una muchacha de su apasionada naturaleza. Debe dar gracias a Dios, postrarse ante una muchacha con su… ¿Cómo dijo…?, con su «pasión por la vida», pero siendo un pobre de espíritu…

—¡No es usted digno de limpiarle las botas! —gritó Scarlett rabiosamente.

—¿Y dice usted que va a odiarlo toda la vida? —y Butler volvió a sentarse en el sofá mientras ella oía su risita.
Hablar de Lo que el viento se llevó es referirse, sin lugar a dudas, a Estados Unidos, a Norte y Sur, a vanidad, fiestas y alta sociedad sureña. Quien menciona Lo que el viento se llevó estará evocando también los rojos cabellos de Scarlett, la sonrisa de pillo de Rhett, el alma caritativa de Melanie, al caballero de fantasía que era Ashley y a la regañona voz de Mamita. El mencionar a Lo que el viento se llevó es, al menos para su servidora, una clara referencia a que  las novelas no siempre deben terminar con todos felices para ser grandes; es más, a veces en la desgracia de sus más emblemáticos personajes es donde está su éxito, independientemente de cómo acabe su historia particular.

El elenco que compone esta obra es de todo tipo. Aunque sus protagonistas principales casi nunca muestren ternura o afecto, hay otros hombres y mujeres plasmados aquí que lo compensan con creces. También hay personajes netamente mezquinos, hasta crueles, pero todos lo parecen alguna vez mientras superan la guerra que ha sangrado a todo un país e intenta salir a flote, sobre todo cuando en una de sus mitades deben cambiar radicalmente su forma de operar. Scarlett tiene una singular familia, que se agradan de manera que ella misma no puede creer, pero al mismo tiempo llega a sentir como un lastre y además, no duda en traicionarla si eso le reporta un beneficio que ansía.

No es de desdeñar la extensión de esta obra, que fue exitosamente adaptada en un largometraje de unas cuatro horas de duración. Quien se decida a leerla debe tener muy en cuenta que no será coser y cantar, que va a aborrecer a la protagonista en más de una ocasión no por su falta de cerebro, sino de escrúpulos; además, querrá tener a su lado a un Rhett por más que sea un arrogante sureño que no parece sentir lealtad por nadie. Les confieso que habrá más de una situación, de un personaje, que causarán unas ganas terribles de hacer el libro (o el dispositivo móvil, con eso de la era digital...) a un lado por mucho, mucho tiempo. Sin embargo, también es una historia que engancha, solo hay que saberla apreciar.

«Después de todo, mañana será otro día.»

Sobre el autor.


Margaret Mitchell (Atlanta, 8 de noviembre de 1900) estudió en el Smith College y trabajó como reportera y columnista para el Atlanta Journal de 1922 a 1926. En esta fecha comenzó a escribir su único libro, Lo que el viento se llevó, que completaría diez años más tarde y que recibiría el premio Pulitzer en 1937., así como su adaptación cinematográfica sería estrenada en 1939. Falleció el 16 de agosto de 1949, después de ser atropellada por un taxi en compañía de su marido.

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