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28 abr. 2013

Por la literatura infantil

Conozco a muchos adultos que voltean hacia la literatura infantil y la miran con cara de poca cosa, peor que a la juvenil. Dicen despectivamente «eso es para niños» y la olvidan rápidamente, sin acordarse de que si ellos empezaron a leer fue gracias a esos libros, que fueron los libros de Micheal Ende, de Fransisco Hinojosa, de M. B. Brozón y los de Roald Dahl —por mencionar sólo algunos, que hay miles—, los que les enseñaron la magia de la lectura, los que los enseñaron a transportarse a un mundo muy diferente.

Nadie empieza leyendo a Miguel de Cervantes, o a León Tolstoi. Tampoco a García Márquez o a Sabines, o Neruda, o Herta Muller… Nadie lee primero a Shakespeare o Allan Poe. Ni a ninguno de esos autores que hoy, más que autores, son los trofeos que esgrimen los lectores ávidos de presumir qué leen «buena literatura». La mayoría ya ha olvidado que probablemente primero se internó en el mágico mundo de Fantasía, para ayudar a Atreyu a salvarlo.

Hoy en día casi nadie valora lo difícil que es escribir para niños (y lo dice alguien que nunca lo ha logrado) y mira esos libros que enseñarán a los niños de hoy lo mágico de la lectura despectivamente, como si no merecieran llamarse «literatura» sólo por ser para niños.

¿Quién de todas esas personas que denigra a la literatura infantil se acuerda de la peor señora del mundo, que era el terror del pueblo y de sus mismísimos hijos? ¿Quién se acuerda de los buscalacranes de Fransisco Hinojosa, que intentaban complacer a un médico aficionado al color amarillo? ¿Quién se acuerda de Momo y de su encarnizada lucha contra los hombres de gris, que pretendían robarle a uno el tiempo y fumárselo en forma de puros? ¿Quién se acuerda de las brujas que metían a los niños en retratos? ¿De Matilda? ¿Quién se acuerda de Ma y Pa Drácula, unos vampiros bastante chapados a la antigua que robaban los bancos de sangre? ¿Quién se acuerda de Peter, Susan, Edmund y Lucy y sus aventuras en Narnia?

Todos, casi sin excepción, empezamos a leer con la literatura infantil. No fuimos corriendo a leer a Tolkien, ni a Vargas Llosa, ni a Velasco, ni a Pérez-Reverte.

Así que, por favor, no olvides esos maravillosos libros (hayan sido los que hayan sido), por los cuales conociste la magia de la lectura… No los mires despectivamente en una librería ni argumentes, con desprecio, que es para niños. Algún día tú también fuiste niño y, si quieres, puedes seguir siéndolo en tu corazón.

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