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20 ago. 2014

Reseña: «Orgullo y Prejuicio», de Jane Austen

Título: Orgullo y Prejuicio (en el idioma original, Pride and Prejudice)
Autor: Jane Austen.
Año de publicación: 1813.

Sinopsis: Jane Austen se ocupó de una realidad común en Inglaterra a principios del siglo XIX: las mujeres que no son ricas tienen que casarse bien. Y con "bien" se refería a "con un hombre rico", de modo que cualquier tipo de una buena familia con un ingreso grande y constante cumple los requisitos para la caza matrimonial. ¿Hombres ricos pero no inteligentes, no guapos y aburridos? A la señora. Bennet poco le importa, pues tiene cinco hijas a quienes les hace falta una fortuna. Cuando un cierto (rico) llamado Bingley se traslada a su vecindario, la señora Bennet se pone muy contenta e intenta hacer de Cupido, lo cual crea una situación muy incómoda para su familia y los espectadores inocentes (y no tan inocentes, como el mejor amigo de Bingley, el señor Darcy).

Aquellas novelas del Viejo Mundo que se han convertido en clásicos tienen por característica distintiva abarcar un ambiente y una temática que se adapta a casi cualquier lector. Lo anterior quiere decir que, sin importar las circunstancias del lector en turno, seguro se sentirá identificado con más de un personaje y su situación. Así las cosas, ¿listos para embarcarse en el descubrimiento (o redescubrimiento, en su caso) de un clásico?

En una pequeña comunidad inglesa, un caballero y su esposa tienen cinco hijas para quienes buscan lo mejor, que en su caso, es un matrimonio ventajoso. A la comunidad llega pronto un hombre acaudalado y caballeroso, el señor Bingley, en quien la señora Bennet ve inmediatamente un prospecto más que adecuado para su hija mayor, Jane. Mientras la señora Bennet piensa así, Elizabeth (o Lizzie, como la llaman en casa) cree que no hay que dejarse llevar tan fácilmente, sobre todo cuando el más cercano amigo del señor Bingley, el señor Darcy, da claras muestras de desdén hacia los modestos habitantes del vecindario al que ha llegado de visita, al mismo tiempo que deja ver gran parte de su orgulloso carácter. Es en este ambiente como, de una forma u otra, algunas de las hermanas Bennet van por la vida sin saber si los esfuerzos de su madre por encontrarles marido darán algún resultado (o en el caso de Lizzie, deseando que no sean así).

Las mujeres de la época de Austen, debemos recordar, tenían limitaciones drásticas en su actuar y en sus derechos. Muestra de ello es la razón para casarse convenientemente: a pesar de ser hijas del señor Bennet, no le heredarán, debido a un modo de sucesión de la propiedad donde viven que está vinculado a los parientes varones. Con semejante panorama y teniendo una madre que no deja de recordarles semejante desdicha, ¿qué pueden hacer al respecto las Bennet? Nada, salvo desear que, por alguna afortunada coincidencia, encuentren un marido bueno, atractivo y rico a la primera ocasión, y no algún hombre al cual le falten algunas de esas cualidades.

Por otro lado, quienes crean que son aburridos los personajes que viven de manera tan sencilla (repito, para aquella época, los Bennet eran una familia modesta... más o menos), está equivocado. Las hermanas Bennet, siendo más de dos, muestran una variedad respetable de las personalidades que podía tener una mujer entonces, así como las conductas que se consideraban apropiadas o no. Además, viendo el mundo inglés de antaño a través de los ojos de Elizabeth, quien posee una gran inteligencia y un temperamento juicioso, nos hace darnos cuenta con claridad de lo que ocurre en la mayoría de las ocasiones, así que no nos perdemos detalle. Si acaso podría aburrir ligeramente al lector moderno el estilo de Austen, pero en cuanto se logra seguir las expresiones con el debido sentido, la historia fluye y nos hace preguntarnos cuántas personas no se están dejando llevar, actualmente, por su orgullo desmedido o sus prejuicios precipitados.

—¿Y me promete usted no hacer nunca semejante compromiso?

—No haré ninguna promesa de esa clase.

—¡Señorita Bennet! ¡Estoy horrorizada y sorprendida! Esperaba que fuese usted más sensata. Pero no se haga usted ilusiones: no pienso ceder. No me iré hasta que me haya dado la seguridad que le exijo.

—Pues la verdad es que no se la daré jamás. No crea usted que voy a intimidarme por una cosa tan disparatada. Lo que su Señoría quiere es que Darcy se case con su hija; pero si yo le hiciese a usted la promesa que ansía, ¿resultaría más probable ese matrimonio? Supongamos que esté interesado por mí; ¿si yo me negara a aceptar su mano, cree usted que iría a ofrecérsela a su prima? Permítame decirle, lady Catherine, que los argumentos en que ha apoyado usted su extraordinaria exigencia han sido tan frívolos como irreflexiva la exigencia. Se ha equivocado usted conmigo enormemente, si se figura que puedo dejarme convencer por semejantes razones. No sé hasta qué punto podrá aprobar su sobrino la intromisión de usted en sus asuntos; pero desde luego no tiene usted derecho a meterse en los míos. Por consiguiente, le suplico que no me importune más sobre esta cuestión.

Sobre el autor.

Jane Austen (16 de diciembre de 1775 - 18 de julio de 1817) nació en Steventon, Grab Bretaña, hija de Cassandra Leigh y del sacerdote anglicano Geoge Austen, siendo una de las dos hijas de un matrimonio que tuvo ocho hijos. El ambiente dedicado a las labores domésticas, a la escritura y a la ávida lectura la acompañaron toda la vida, pues nunca se casó. Austen es una de las grandes novelistas de la historia; de prosa elegante, fluida y con cierto sarcasmo, aborda con detalle, humor, capacidad de observación y penetración psicológica diferentes retratos costumbristas en torno a conflictos románticos diseñados con perspectiva femenina, inteligencia e ironía. Algunas de sus otras obras son Sentido y Sensibilidad (1811), Mansfield Park (1814) y Emma (1815). Murió en Wnchester, a los cuarenta y un años.

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