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14 jul. 2013

El privilegio de leer

A veces olvidamos que leer, en más casos de los que podemos imaginar, es un privilegio. Podríamos decir que hasta un privilegio costoso. Nos olvidamos, también, que leer es una cuestión de gustos y nada se hace al intentar hacer «leer a la sociedad» (aunque resulte lamentable que muchas veces no lo haga, claro está). Que leer es tanto como un derecho como a veces es un deber (¡qué lamentable que en ocasiones debamos ver a la lectura como un deber!). Leer puede servir de mucho y a la vez de nada, al igual como escribir puede ser mucho y a la vez nada. Leer es tener la televisión más grande, con el HD más nítido, con la amplitud más gigantesca, con los colores más vívidos y con la mayor cantidad de detalles que alguna vez podrá conseguirse; es la mejor adaptación que se le hará a un libro en la historia: la adaptación de imaginártelo palabra a palabra, página a página.

Líneas atrás dije que leer podía catalogarse hasta como un privilegio muy caro, ¿por qué? Sencillamente porque leer demanda, en ocasiones, recursos que muchos estamos dispuestos a liberar con una rapidez impresionante: precisa que dejes de pensar como piensas para comenzar a pensar como otro; que dejes de criticar como critiques para entender que la vida no sólo se basa en criticar sino en tratar de vivirla, unos lo harán mejor, unos peor; comprender que la realidad es bizarra y no es políticamente aceptada, y por eso algo no tiene por qué ser políticamente correcto; odiar a la humanidad para luego volver a doblarte y comprenderla de nuevo; querer entrar dentro de una historia irreal, con personajes irreales y situaciones irreales y tratar de vivirla, a pesar de que eso último sea un tanto escalofriante (o con el término creepy, en inglés, que le queda mejor) en ciertas ocasiones. Pero, lamentablemente, el privilegio de leer también cuesta unas cuantas cosas más: le cuesta árboles a la tierra, le cuesta agua a la tierra, le cuesta energía a la tierra, y más con el sistema de consumo que hay en estos momentos, masificándose cada vez más porque es necesario. Se podría considerar que es hasta un mal necesario. Personalmente no creo que los formatos electrónicos lleguen a sustituir al papel, no en un futuro cercano ni tan lejano; es más barato y en muchas ocasiones es más práctico, pero siempre hay y seguirá habiendo personas que preferirán pasar los dedos por los poros de las hojas y sentirlas, poder estrujar tan fuerte lo que queda por leer cuando se entra en un momento de intriga que casi se dañan las hojas... son cosas que muchas personas no soltarán tan fácil.

Leer es un privilegio costoso. Leer es un mal necesario.

Leer es un privilegio costoso para aquél que intente, de alguna manera u otro, manipular tu visión del mundo y creencias. Quizá no aportará tanto conocimiento pragmático, pero provee a aquél que puede disfrutar del privilegio de una edificación mental difícil de traspasar, difícil de quebrar. Casi tan majestuosa como el palacio mental que posee el doctor Hannibal Lecter. Leer es un privilegio costoso porque muchas personas no pueden acceder a él, lo que resulta lamentable; después de cualquier programa contra el hambre mundial deberían venir los de alfabetización y promoción de la lectura.

Lamentablemente; leer también puede ser un privilegio peligroso. ¡Cuidado con aquéllas que quieran promover una actitud que no sirve para nada en la vida! ¿De qué nos sirve que 50 sombras de Grey le enseñe a las adolescentes que deben ser sumisas y hacer todo lo que el hombre les pida? Leer es privilegio de cuidado, que la sociedad haría bien en enseñar a instruir a los futuros lectores a disfrutar de una lectura, pero con sumo cuidado. No es que no se puedan leer obras del estilo de la que acabo de nombrar, es tan válido como leer cualquier otra cosa, pero hay que comprender que la lectura es, hasta un punto muy elevado, un moldeador del pensamiento muy fuerte. Y hay que tener cuidado con ella. Leer es un arma de doble filo, siempre recuérdenlo.

Leer es un privilegio y nosotros somos unos bastardos muy afortunados

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