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3 may. 2013

Reseña: Testigo perpetuo, Ariel Armellin

Título: Testigo perpetuo.
Autor: Ariel Armellin.
Año de publicación: 2012

Sinopsis: Seguramente todos han de preguntarse, quien será Martin o quien es Alicia, es sumamente fácil saberlo, todo aquel que alguna vez pueda estar seguro de haber amado, siendo enteramente correspondido aunque fuere tan solo un momento, a pesar luego de adversidades y desencuentros que puedan haberlos distanciado, están en condiciones sin duda de sentirse parte de ellos.

Puedes descargarlo aquí.

Tal vez, tú, aquél lector ávido, te has preguntando qué es lo que hace a un buen libro. Yo lo veo, particularmente y como si se tratara de un humano visto desde el punto de vista desde donde se cree que el alma existe, una novela está compuesta por dos cosas: la substancia, el alma de la novela, y el cuerpo físico, lo que tocas; la substancia es la trama más básica, el tema, lo que le llega al lector; el cuerpo físico, todo aquello que adorna a la substancia: recursos literarios, ortografía, belleza estética y poética... de manera tal que, teniendo en cuenta esas dos cosas, ¿cuál de ellas es la que hace una buena novela? ¿Cuál es más importante? ¿La substancia, el alma, es más importante que el cuerpo físico? O quizá al revés...; este dilema se presenta en muchas historias, estoy seguro: ¿a a pesar de que su alma sea tan pura, será bueno teniendo mala ortografía o redacción? Es algo a lo que muchas veces nos enfrentamos: quién debe estar por encima de quién, la substancia sobre el cuerpo físico o el cuerpo físico sobre la substancia.

Un dilema similar se presenta cuando lees «Testigo perpetuo», y, créanme, no es algo bueno que aparezca ese dilema porque significa algo. Significa que la historia te falló en algún punto. «Testigo perpetuo» narra la historia de Martín –sí, a pesar lo que diga la sinopsis es la historia de Martín; que Alicia tenga parte de protagonismo es cosa aparte– y sus amoríos de juventud. Es el viaje de crecimiento de Martín en su ciudad, entre idas y venidas del amor y su búsqueda por un amor que no le duela o no termine mal. En ese predicamento conoce a Alicia, comienzan una relación luego de una situación bastante inverosímil, y, cuando Martín pensaba que aquella mujer iba a ser la definitiva, el destino le demuestra que no. Alguien vendrá a joderles la vida.

En lo que «Testigo perpetuo» triunfa es en la utilización de los temas y en la forma de abarcarlos. La realidad de aquel Martín ya entrado en años que se empeña en vivir en el ideal que tiene de la Alicia del pasado, eternamente enamorado de esa Alicia del pasado, es bastante interesante –diría que lo más interesante– en esa incapacidad de continuar con su vida vemos a una persona aterrada de volver a amar y que vuelva a salir mal, tiene un eterno enamoramiento por alguien que ya fue, por un pasado que no cambiará y que, muy en el fondo, lo tranquiliza porque puede victimizarse: es, en mucha parte, culpa del destino y de un tercero. Todo el aspecto psicológico anterior lo he extraído yo, para la historia que se lee en «Testigo perpetuo» el amor de esos dos fue tan fuerte que trascendió la barrera del tiempo.

Esta historia es un muy buen ejemplo de la novela que tiene un tema que puede ser interesante de base pero que falla en la ejecución. Cuán diferente y profunda se hubiese tornado la historia si se hubiese mostrado los aspectos que yo inferí en el párrafo anterior. En cambio, se nos muestra el viaje de Martín que parece ser halado de un lado a otro por el destino, entre sus amores de juventud y ese sufrir que se me hace muy irreal. Se nos muestra la sucesión de amores y desamores de un chico y que, al final de cada uno, parece el mismo que cuando comenzó el amor, quizá con la excepción, en este caso, de cuando se enamora de Alicia. Parece una serie de televisión que adopta el status quo como algo inviolable. Me enamoro de la chica, salgo con ella, terminamos rompiendo luego de un par de meses; sufro un poco, parezco el mismo, vuelvo a enamorarme...

En la inmensidad del valle, eran dos almas solitarias decidiendo el destino de un triste corazón.
—Mirá, hacé una cosa. Escribí tu historia para que todo el mundo sepa como la ven tus ojos. ¿Más prueba de amor que esa querés? Y le das una copia a ella, para que te recuerde siempre. Si así no entiende, que se vaya al carajo. [—dijo Carlos.]
—Si, te entiendo. Pero no la puedo obligar a quererme. Eso tiene que salir de su corazón. Quiero volver a enamorarla. ¿Te parece que va a ayudar en algo que yo cuente nuestra historia? [—respondió Martín.]
—Más vale flaco. Sino fijate el rengo. Cuenta fábulas, lo escuchamos y nos cagamos de risa de las boludeces que dice. Se ríen de la humorada.
»Además, cuando tenga 80 años y se acuerde de vos, va a agarrar tu libro y va a tener toda la historia para contarle a los nietos.
—Sí boludo. Voy a escribir todo, lo que siento por ella, cómo la conocí, porqué me dejó ¡Lo voy hacer y no

Por un momento pensé que la historia sería contada en primera persona, pero luego vi que me la contaban en tercera y pensé que estaba bien. Hasta que llegaron algunos pasajes contados en primera persona –como extractos del libro que Martín dijo escribiría– y me reafirman lo que había pensado en un principio: tal vez contada en primera persona la historia hubiese adquirido otra dimensión, una mejor dimensión. Esos pasajes resultaban realmente buenos. No obstante, hacia el final el autor nos mete una primera persona de pronto y todo colisiona en un montón de experimentos que no van el uno con el otro, que no terminaron de cuajar juntos. No me gustó para nada que cambiara el punto de vista narrativo hacia el final.

Por último, la ortografía es buena, no es excelente; y los diálogos, a mi parecer, están mal –he adaptado lo que cité para ponerlos de acuerdo a cómo deberían estar–, porque no sé si era un intento de innovar o qué, y quizá entonces yo soy muy conservador, pero no están bien. Las descripciones son excelentes, uno de los platos mejor servidos de la historia.

Sobre el autor

No he conseguido información del autor más que el hecho de que es argentino, y tal parece que esta es su primera novela. Y su nombre es Ariel Armellin.

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